"Si vivir de memoria es un crimen, querer de memoria es un crimen mucho mayor. Curiosamente, o nada curiosamente, un mundo empeñado en codificar hasta los procesos de su codificación parece haber encontrado una vez más en el arte el anticuerpo que lo salva, y esta vez es el arte de amar el elegido. El arte es rebeldía, es revolución, es subversión contra la jerarquía de los valores, es el descubrimiento de uno mismo en los demás, es al igual que el amor la aventura del sentimiento...
El arte de amar es algo así como el arte del arte, es la integración con aquello que queremos, es ser causa y consecuencia de una situación fundamental. No es por nada que el mundo del intelecto lo combate, no es porque sí que las religiones, los gobiernos, el sistema, las estructuras, la moral, la familia, preparan a las mujeres para el matrimonio y no para el amor. La propiedad es hija del miedo; nadie cerca, alambra, limita o escritura algo que no teme perder, pero al mismo tiempo nada se pierde tan fácilmente como las cosas que poseemos.
Poseer es una forma de codificar, porque el mundo del consumo ha entrenado al hombre a vivir entre mediocres sueños y olvidadas realidades..."
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